El discurso de Milei es un formato

La política no entiende cómo es que Javier Milei cautivó audiencias. Estados Unidos vive un fenómeno similar con Donald Trump.

Imagen generada con inteligencia artificial.
Dos discursos similares y distintos.

La política argentina todavía explica a Javier Milei con categorías viejas tales como derecha, liberalismo, antipolítica, enojo social, crisis económica. La clave es otra porque Milei fue el primer presidente argentino contemporáneo formado fuera del molde político tradicional y dentro del ecosistema mediático que terminó destruyendo a ese molde.

Leí un artículo de Mark Atwood sobre Trump donde dice que no sobrevivió al nuevo formato político por casualidad, sino porque se entrenó durante décadas en televisión, entrevistas largas, tabloidismo, reality show y conversación desestructurada. No era simplemente “carismático” sino alguien que había practicado miles de horas el formato que después iba a dominar la política.

Con Milei pasa algo parecido, pero con una versión argentina, ya que no viene de la unidad básica, del comité radical, del sindicato, del think tank tecnocrático, ni del aparato provincial. Creció en el panel de televisión, del debate económico a los gritos, de la radio, del clip viral, del vivo largo, del insulto convertido en marca, de la explicación económica convertida en espectáculo. Antes de llegar al Congreso en 2021, ya era un economista televisivo conocido por sus denuncias explosivas contra el Estado y la “casta”.

Por eso Milei cambió la gramática de la comunicación política argentina. La política tradicional hablaba en lenguaje de gestión, gobernabilidad, consenso, territorio y moderación. Milei habló en lenguaje oral, repetitivo, emocional y memético: “la casta”, “la motosierra”, “afuera”, “viva la libertad, carajo”. No explicaba un programa; instalaba una escena. No buscaba sonar presidencial; buscaba sonar imposible de domesticar.

La trascendencia de Milei está en que rompió el monopolio cultural del peronismo y del antiperonismo clásico.

Hasta su aparición, casi todo en Argentina se ordenaba alrededor de esa grieta. Milei desplazó el eje cuando puso al Estado, al déficit, a la inflación, a los privilegios políticos y al gasto público en el centro de la conversación cotidiana. Su victoria de 2023, con casi 56% en el balotaje fue la entrada al poder de una fuerza que no había sido producida por las estructuras partidarias dominantes.

Atwood dice que Trump no jugaba el juego del entrevistador: jugaba su propio juego en el mismo espacio físico. Milei hace algo equivalente. En una entrevista, no siempre responde: convierte la pregunta en clase de economía, acusación moral, frase de campaña o performance de enojo. Puede perder una precisión técnica, exagerar, irritar o contradecirse, pero muchas veces gana el marco general: el público recuerda energía, claridad, enemigo y destino. La política tradicional intenta ganar el intercambio; Milei gana la escena.

Su diferencia con Trump es importante. Trump es más puro entretenimiento, improvisación y dominio del show. Milei es más doctrinario cuando mezcla profesor, predicador libertario, panelista furioso y rockero de pub. Su espectáculo no es solo personalidad; es pedagogía política simplificada. Explica una teoría del país en frases que cualquiera puede repetir. Ahí está su poder.

Por eso también es riesgoso subestimarlo como “loco”, “payaso” o “fenómeno pasajero”. Esa lectura ya falló. Milei llegó al poder, consolidó un mandato legislativo importante en las elecciones de medio término de 2025, cuando La Libertad Avanza obtuvo 40,68% contra 31,69% del peronismo, y obligó a todos los actores a reordenarse alrededor de él.

Milei será trascendente aunque pierda poder, aunque modere su programa o aunque fracase parte de su proyecto. Porque ya alteró el estándar de competencia. Después de Milei, ningún político argentino puede ignorar la economía cotidiana, el enojo fiscal, el formato largo, el clip, la autenticidad performática y la batalla cultural en redes. Su legado es haber demostrado que en Argentina hay que dominar el formato.

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