¿Puede romperse el Reino Unido?
Escocia, Gales e Irlanda del Norte coordinan sus reclamos de autodeterminación. No es una ruptura inmediata, pero el Reino Unido entró en terreno nuevo.
El Reino Unido no desaparece mañana pero por primera vez, los partidos que gobiernan Escocia, Gales e Irlanda del Norte coordinan sus estrategias para reducir o terminar su dependencia de Westminster. Y eso convierte una serie de viejos conflictos constitucionales separados en un problema nacional para Londres.
Los líderes del Scottish National Party (SNP), Plaid Cymru y Sinn Féin firmaron este lunes en Cardiff un memorándum conjunto que sostiene que “el tiempo de Westminster está llegando a su fin”, reclama que el gobierno británico facilite consultas democráticas sobre el futuro constitucional de las tres naciones y declara que su horizonte está dentro de la Unión Europea. John Swinney, Rhun ap Iorwerth y Michelle O’Neill son, respectivamente, los jefes de gobierno de Escocia, Gales e Irlanda del Norte, aunque suscribieron el documento en carácter de dirigentes partidarios.
No firmaron un documento para disolver el Reino Unido.
Swinney, Iorwerth y O’Neill entre los tres carecen de una llave constitucional capaz de sacarlos del Reino Unido. Cada territorio tiene una historia, una opinión pública y, sobre todo, un camino jurídico completamente diferente.
La cumbre de Cardiff no rompió el Reino Unido, pero coordinó a quienes quieren hacerlo.
Primero: Gran Bretaña no es exactamente el Reino Unido
La confusión de nombres oculta parte del problema.
Gran Bretaña es la isla integrada por Inglaterra, Escocia y Gales. El Estado es el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Si Irlanda del Norte se reunificara mañana con la República de Irlanda, desaparecería el Reino Unido en su configuración actual, pero Gran Bretaña seguiría existiendo.
Jersey, Guernsey y la Isla de Man tampoco integran el Reino Unido. Son dependencias autónomas de la Corona, con sus propios parlamentos, sistemas fiscales y tribunales. Londres administra su defensa y relaciones internacionales, pero jurídicamente no forman parte del Estado británico.
El escenario que se abrió en Cardiff afecta, entonces, al corazón constitucional del Reino Unido que son Escocia, Gales e Irlanda del Norte.
Escocia: el caso más avanzado, pero bloqueado por Londres
Escocia ya votó su independencia. En septiembre de 2014, el 55,25% decidió permanecer en el Reino Unido y el 44,65% eligió separarse, con una participación extraordinaria del 84,6%.
Dos años después ocurrió el Brexit, algo que los independentistas consideran un cambio material de circunstancias.
En el referéndum europeo de 2016, Escocia votó 62% a favor de permanecer en la Unión Europea. Sin embargo, salió porque el Reino Unido en conjunto votó por abandonar el bloque. Irlanda del Norte también eligió permanecer, por 55,8%. Gales, en cambio, votó Brexit: 52,5% por salir. Esa diferencia impide contar una historia sencilla en la que las tres naciones fueron arrastradas fuera de Europa por Inglaterra. Eso fue claramente cierto para Escocia e Irlanda del Norte; no para Gales.
Escocia considera que merece votar otra vez, pero el obstáculo es jurídico.
Para el referéndum de 2014, Westminster concedió temporalmente a Edimburgo la competencia necesaria mediante una orden bajo la sección 30 de la Scotland Act. Cuando el gobierno escocés intentó determinar si podía organizar unilateralmente otra consulta, la Corte Suprema británica resolvió en 2022 que no porque la unión de Escocia e Inglaterra y el Parlamento británico son materias reservadas a Westminster.
Por eso John Swinney puede exigir un plebiscito, pero no convocarlo legalmente por su cuenta.
La política, además, sigue dividida. Un relevamiento citado por The Guardian en ocasión de la cumbre de Cardiff sitúa el apoyo a la independencia escocesa alrededor del 47%. Es mucho, pero no una mayoría indiscutible.
Una independencia real obligaría a resolver moneda, deuda pública, pensiones, bases militares, petróleo del Mar del Norte, frontera con Inglaterra, comercio y una eventual solicitud de adhesión a la Unión Europea.
No sería colocar una bandera distinta sobre Edimburgo.
Suscribite al Diario de la Peronería en WhatsApp - información para decidir, sin pauta y sin ataduras.
Gales: la sorpresa de esta historia
Gales es probablemente el desarrollo políticamente más novedoso.
Plaid Cymru ganó las elecciones del Senedd de mayo y Rhun ap Iorwerth llegó al gobierno con una plataforma favorable a la independencia. Eso produjo una situación que nunca había ocurrido porque los gobiernos locales de Escocia, Gales e Irlanda del Norte quedaron simultáneamente encabezados por dirigentes cuyos partidos cuestionan la continuidad del Reino Unido.
El apoyo actual a la independencia ronda el 32%, según la medición citada por The Guardian, y Plaid Cymru no propone un referéndum durante este primer mandato. Su estrategia inmediata es ampliar la autonomía, reforzar las instituciones galesas y normalizar primero la idea de que la independencia es una alternativa política legítima.
No existe, además, un mecanismo constitucional equivalente al de Irlanda del Norte.
Irlanda del Norte: el único territorio que ya tiene escrita la puerta de salida
Irlanda del Norte es jurídicamente otra cosa.
El Acuerdo de Viernes Santo de 1998 terminó en gran medida tres décadas de violencia conocida como The Troubles y estableció el principio de consentimiento por el que Irlanda del Norte seguirá dentro del Reino Unido mientras así lo quiera la mayoría de sus habitantes.
La ley británica que implementó el acuerdo establece además una obligación para el secretario de Estado para Irlanda del Norte, quien debe convocar un referéndum fronterizo si considera probable que una mayoría votaría por abandonar el Reino Unido y formar parte de una Irlanda unificada. Si se celebrara una consulta, no podría repetirse antes de siete años.
Eso significa que, a diferencia de Escocia, la reunificación irlandesa no necesita inventar su mecanismo jurídico.
Entre tanto, el apoyo a una Irlanda unificada ronda actualmente el 36%, según datos citados alrededor de la cumbre de Cardiff. Incluso el primer ministro irlandés Micheál Martin, partidario de la unidad en principio, reconoció este fin de semana que cree que una consulta realizada ahora probablemente no prosperaría.
Pero Brexit introdujo una frontera económica dentro del problema. Irlanda del Norte necesitó arreglos especiales para evitar una frontera física con la República de Irlanda y mantener elementos de acceso al mercado europeo. Para una parte del electorado nacionalista, eso reforzó una pregunta que había perdido urgencia después de 1998, ¿para qué seguir atado políticamente a Londres si su integración económica natural está cada vez más vinculada con Irlanda y Europa?
Y ahora apareció Donald Trump
La crisis adquirió además una dimensión internacional.
Durante su visita a Irlanda, Donald Trump dijo que le “encantaría” ver una Irlanda unificada y que consideraba la reunificación un resultado natural. También se negó a pronunciarse sobre la independencia escocesa “por ahora”. La declaración irritó a los unionistas norirlandeses y a Londres, porque los presidentes estadounidenses habían procurado tradicionalmente ser garantes del proceso de paz sin tomar partido explícito sobre el resultado constitucional.
Entonces, ¿está realmente por estallar el Reino Unido?
Eso es poco probable de inmediato, pero la arquitectura política que mantenía el problema compartimentado está debilitándose.
Escocia tiene un movimiento independentista maduro y cercano a la mitad del electorado, pero carece de autorización constitucional para votar.
Irlanda del Norte posee la vía constitucional más clara, pero todavía no tiene una mayoría demostrada para utilizarla.
Gales tiene la opinión pública menos favorable a la ruptura, pero acaba de llevar por primera vez a un partido independentista al gobierno.
Y Londres enfrenta a los tres al mismo tiempo.
El primer ministro británico Andy Burnham rechaza por ahora una nueva consulta escocesa y sostiene que el Acuerdo de Viernes Santo debe regir cualquier decisión norirlandesa. El problema para Westminster es que negarse indefinidamente a votar también tiene un costo político porque permite a los nacionalistas argumentar que una unión que sólo puede preservarse impidiendo consultas deja de ser enteramente voluntaria.
La cumbre de Cardiff no rompió el Reino Unido, pero coordinó a quienes quieren hacerlo.
La comparación con Malvinas tiene un límite jurídico, pero una utilidad política
Para la Argentina, esta discusión resulta atractiva por el argumento británico de la autodeterminación en Malvinas.
Pero los casos no son jurídicamente idénticos.
El Acuerdo de Viernes Santo contiene expresamente un mecanismo de autodeterminación para Irlanda del Norte. En Malvinas, en cambio, Naciones Unidas reconoce una disputa de soberanía entre Argentina y el Reino Unido y reclama negociaciones bilaterales teniendo en cuenta los intereses de los habitantes de las islas. Esa diferencia es central en la posición argentina.
Para Londres es otra cosa, cuanto más deba discutir quién tiene derecho a decidir dentro de su propio entramado territorial, más difícil resulta presentar la “autodeterminación” como una fórmula sencilla y universal.
La cumbre de Cardiff no rompió el Reino Unido, pero hizo algo que puede ser históricamente más importante ya que por primera vez coordinó a quienes quieren hacerlo.
Peronería TV sale en vivo por YouTube los lunes y los viernes a las 10AM hora de Argentina, lo conducimos en equipo con Matías Vorrath. Lo podés escuchar en Spotify, en este link.
[EXEUNT]
¡Síganme lo buenos! ❤️
PERONERIA no es para todos. Es para los que piensan.
👉 Suscribite a Peronería.
¿Estás viendo Peronería TV los lunes y viernes a las 10AM de Argentina? Podés verlo en vivo en YouTube o cuando quieras en Spotify.
Podés seguirme en Instagram, TikTok, Twitter/X y Facebook.
¿Ya recibís El Diario de la Peronería por WhatsApp? Suscribite gratis acá: https://www.whatsapp.com/channel/0029Vb8lsFfFi8xdymm87830
PERONERÍA STORE: BATALLA CULTURAL CON ESTILO
|