El PRO ante Milei: cruzar el desierto o desaparecer
Ante el golpe político contra Javier Milei, la llegada de Diego Santilli plantea un nuevo desafío al PRO ¿fusión o supervivencia?
La llegada de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete reordena una parte del Gobierno de Javier Milei tras la salida de Manuel Adorni. También, pone sobre la mesa una pregunta que el PRO viene esquivando desde hace tiempo, ¿cuál es su lugar en la nueva arquitectura política argentina?
El problema del PRO es identitario, la cuestión electoral es secundaria. Desde la irrupción de La Libertad Avanza, el partido fundado por Mauricio Macri quedó atrapado en una zona incómoda, demasiado cerca del mileísmo para presentarse como una oposición nítida y demasiado lejos de la épica libertaria para competir por el mismo electorado con una oferta propia. En la práctica, el PRO terminó funcionando muchas veces como socio tácito, aliado parlamentario, cantera de funcionarios y reserva de gobernabilidad. A pesar de esta evidente sociedad, el PRO sigue decirlo con todas las letras.
Esa ambigüedad, en política, plantea un dilema complejo porque una fuerza puede sobrevivir a una derrota, a una interna e incluso a una mala elección. Lo que difícilmente sobrevive es la pérdida de sentido. Sin un horizonte explícito, ninguna tribu cruza el desierto.
El PRO puede acompañar a Milei, condicionarlo o integrarse a los violetas. Sin embargo, no puede actuar como si todas esas opciones fueran simultáneamente posibles.
La designación de Santilli ofrece una imagen clara de este dilema. Un dirigente de ADN PRO entra al corazón del Ejecutivo libertario en un momento de crisis. Para Milei, el movimiento suma volumen político, experiencia territorial y capacidad de negociación. Para el PRO, en cambio, la jugada es más ambigua porque muestra influencia, pero diluye marca y hace más difícil explicar dónde termina el partido y dónde empieza el oficialismo.
Ninguna marca política sólida se construye como versión corregida de otra.
Ese es el punto que el macrismo todavía no resolvió. Durante años, la cultura comunicacional del PRO descansó sobre una lógica de moderación, eufemismo y mensajes en clave. Esa metodología pudo ser eficaz en una etapa de agotamiento kirchnerista, cuando bastaba con prometer gestión, normalidad y previsibilidad. Pero el país cambió y Milei ganó haciendo lo contrario cuando nombró al adversario, definió un rumbo, exageró los contrastes y le ofreció a su electorado una meta reconocible.
Frente a eso, el PRO quedó hablando en “blue” como aliado blue, oposición blue, reforma blue. Dice sin decir, acompaña sin asumir y se diferencia sin romper. Esta es la fórmula del fracaso y se demuestra porque pierde por ambos lados. Quien quiere ruptura elige a Milei y quien quiere resistencia al mileísmo busca otra cosa. Por su parte, el votante de PRO queda, muchas veces, sin relato.
La salida no es imitar a La Libertad Avanza. “Somos Milei, pero mejor” no es una estrategia, es la confesión de una derrota. Ninguna marca política sólida se construye como versión corregida de otra. El PRO necesita definir una función histórica distinta, de ser la fuerza de transición entre la Argentina capturada por la peronería y un sistema democrático más normal, donde puedan existir una una centroderecha y una centroizquierda democrática sin que el país vuelva a quedar rehén del populismo.
Para eso, el PRO debería decir algo simple y políticamente potente: acompañaremos a La Libertad Avanza mientras la peronería siga siendo un riesgo estructural para la democracia argentina; cuando ese riesgo deje de ordenar el sistema, volveremos a competir como rivales dentro de un juego democrático normal. Esa frase ordenaría al partido, le daría a sus votantes una razón para esperar y convertiría la subordinación táctica en una estrategia explícita.
También obligará al PRO a revisar sus propios lastres. Las lógicas municipales, las tribus porteñas, los reflejos duranbarbistas y el culto permanente a Mauricio Macri como propietario simbólico del espacio ya no alcanzan. Macri puede ser referencia, o presidente del directorio, pero si el PRO quiere sobrevivir, necesita dejar de comportarse como un kiosco personal y volver a funcionar como partido político.
La democracia argentina necesita que ese espacio exista. No necesariamente como fue en 2015, ni como nostalgia de Cambiemos. Lo necesita como actor capaz de ocupar un lugar razonable entre el mileísmo y el regreso de la peronería. Si ese lugar no se construye, el sistema quedará otra vez partido entre la razonabilidad violeta y la restauración populista.
“Somos Milei, pero mejor” no es una estrategia, es la confesión de una derrota.
El PRO todavía puede cruzar el desierto. Pero para hacerlo necesita decir hacia dónde va. Sin la expectativa de llegar a Canaán, ninguna tribu cruza el desierto.
Este es un editorial adaptado y extendido en la edición del 29 de junio de Peronería TV. El stream sale en vivo por YouTube los lunes y los viernes a las 10AM hora de Argentina, lo conducimos en equipo con Matías Vorrath. Lo podés escuchar en Spotify, en este link.
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