Caso Adorni: el periodismo argentino ¿vive en Aruba?

Hagamos un poco de chequeo sobre cómo cubrió el periodismo argentino la noticia del miércoles.

Captura de la cuenta de instagram @madorni
La imagen de la discordia.

El mayor problema en la cobertura periodística sobre el supuesto viaje de Manuel Adorni a Aruba no pasa, en esta instancia, por determinar si efectivamente estuvo o no en la isla. El problema central es la metodología con la que se publicó y replicó una de las noticias políticas del momento, y sobre eso hablé.

Una metodología de trabajo de ese tipo resulta inadmisible para un caso de semejante dimensión pública.

La primera nota sobre el tema es de en Infobae a la 1:57 del 15 de abril, y consigna un viaje entre el 29 de diciembre de 2024 y el 10 de enero de 2025. El punto crítico es que esa publicación no cita a nadie de manera directa. La referencia es genérica: “fuentes de Tribunales”. No hay una sola cita textual, no conocemos las palabras del fiscal Pollicita.

No hay una declaración concreta que respalde lo que se afirma y tampoco se exhibe evidencia documental. En otras palabras, se trata de una información relevante que descansa enteramente en una atribución anónima y sin papeles visibles para el lector.

Captura del infobae.com
Todo se da por confirmado, pero no hay declaraciones.

Se le puede creer al periodista, desde ya. Todos tenemos el beneficio de la buena fe. El cuestionamiento no pasa por un ataque personal al autor, Iago Vieira ni por poner en duda, su profesionalismo. Tenía una primicia y la aprovechó, pero el otro 99% del periodismo del país no tenía una primicia, y este es el problema.

Mi crítica no es a Vieira, es a todo el resto. A Vieira lo felicito.

A partir de esa nota, gran parte del sistema de medios argentino salió a titular en modo indicativo que la Justicia “confirmó” el viaje de Adorni, pese a que la información original no explicaba cómo había sido obtenida, si encontrás titulares en condicional, pegalos al pie; yo no pude.

Aun si mañana el propio Manuel Adorni confirmara todo, el periodismo igual habría perdido, porque una metodología de trabajo de ese tipo resulta inadmisible para un caso de semejante dimensión pública.

A partir de allí aparecen, además, inconsistencias en la línea temporal. Según una de las reconstrucciones, Adorni habría volado en un vuelo de Latam. Pero poco después de las nueve de la mañana del 29 de diciembre de 2026 dio una entrevista al periodista Ignacio Ortelli en Radio Rivadavia, a las nueve de la mañana hora argentina, siete de la mañana hora de Perú. Si esa cronología es correcta, entonces necesariamente estaba a bordo de un avión, salvo que el vuelo hubiera llegado muy temprano.

Captura de panta del 16 de abril de 2026 en la página web de la aerolínea.
Estos son los vuelos a hoy. Puede haber habido otros en 2024, el fiscal no informó qué vuelos tomó Adorni y su familia.

¿Puede haber viajado en otra aerolínea con código compartido? Es posible. ¿Puede haber aterrizado a una hora inusualmente temprana? También es posible.

Si se cumplen los horarios a rajatabla para el primer vuelo, Adorni estaba carreteando a las 9 de la mañana de Argentina, es la posibilidad más probable.

El otro vuelo lo encontraba en el aire, y las comunicaciones son posibles, pero difíciles.

LatAm puede haber cambiado su cronograma de vuelos entre 2024 y 2026. Pero, tal como se plantea, no parece la hipótesis más probable.

Esto, no se discute en el periodismo argentino. Se cree como si fuera una cuestión religiosa. Y la credulidad selectiva del sector, sigue.

Luego aparece otra pregunta decisiva. Si efectivamente se subió a un Airbus A320, un avión con capacidad para al menos 150 personas, y además estaba en la parte delantera del avión por viajar en clase ejecutiva o premium, entonces habría embarcado antes que la mayoría del pasaje. Eso implica una escena difícil de ignorar, porque hubo unas 150 personas pasando a su lado y, sin embargo, nadie lo reconoce ni publica nada. Según esa línea argumental, habría volado cuatro horas con 150 almas a bordo sin ser detectado por nadie. ¿Puede pasar? Sí. ¿Es probable? No demasiado, salvo que el avión estuviera prácticamente vacío.

Capturada de la cuenta de Instagram @madorni
La imagen de Año Nuevo 2025. En Aruba, la noche del 31 de diciembre de 2024 hacían 27 grados. Abrigados para 27 grados con humedad.

La cuestión visual tampoco cierra del todo. Adorni publicó una foto cuya ubicación fue fijada en Canadá, aunque luego se dijo que en medios que correspondía a un resort en Aruba. A eso se sumó la aparición de un supuesto testigo, que no aportó ninguna imagen, pero cuya versión fue citada por la prensa para sostener que vio a Adorni en el hotel Tamarijn Aruba.

Sin embargo, al contrastar ese relato con las imágenes disponibles del hotel, surgen nuevas dudas. La observación se centra en una “rejillita” visible en la foto.

Catura de la cuenta de Instagram @madorni
Recorte de la imagen de arriba.

Al revisar los links y fotografías de las cinco piletas del Tamarijn Aruba, la conclusión es que ninguna tiene esa rejilla.

Captura de Google.
Captura parcial de una pileta del Tamarijin Aruba.

Entonces surge la pregunta básica: ¿cómo no se chequeó eso periodísticamente? La revisión, según se explica, se hizo directamente con Google.

También circularon otras versiones que ubicaban a Adorni en el Embassy Suites Aruba Resort. Ese hotel tendría, al menos según las fotos disponibles, tres piletas. Dos no tienen rejillita y una sí. En una aparecen palitos; en otra, cuadraditos tipo rejilla.

El borde o escalón azul es invisible en las fotos oficiales de las piletas y en las fotos posteadas online por sus huéspedes.

Imágenes obtenidas de la cuenta de Instagram @madorni y de un visitante, posteada en Google.
Comparativa, observar el borde azul, no mencionado en el video.

¿Puede haber un margen de error en esa comparación? Por supuesto. ¿Podrían haber cambiado esas rejillas? Es posible. Pero, nuevamente, no parece lo más probable.

¿Puede haber ido a otro hotel? De confirmarse el viaje, sería lo más probable. A esta altura la "investigación" del periodismo es patética.

Por lo tanto, es inadmisible que estas comparaciones simples que hice con Google no la hayan hecho quienes difundieron estos datos.

Mientras tanto, la actividad en redes siguió y Adorni twitteaba y envió mensajes de fin de año. El 4 de enero, cuando González Urrutia, de Venezuela, visitó la Casa Rosada, no se ve a Adorni en ninguno de los videos del presidente electo venezolano.

Debo aclarar que esto último me llama la atención, para mal.

Después está el tramo de regreso en LatAm, que vuelve a abrir la misma incógnita. Según esta reconstrucción, Adorni habría repetido la hazaña en otro A320, esta vez desde Ecuador. Se subió primero, dejó pasar a todo el pasaje por al lado y que nadie lo viera. Sumando ida y vuelta, potencialmente unas 300 personas lo habrían tenido sentado en un avión sin que ninguna dijera una palabra.

Pero incluso todo eso queda en segundo plano frente al punto principal. El problema de fondo no es sólo si Adorni fue o no fue a Aruba.

El tema es que buena parte de la prensa argentina corrió detrás de una nota que no estaba floja de papeles, directamente no tenía papeles. Y eso es grave.

La crítica, en ese sentido, no está dirigida a desacreditar personalmente a nadie. De hecho, felicito al autor de la nota en Infobae, obtuvo una primicia y de confirmarse, será un periodista de consulta. De confirmarse.

Lo que se exige es algo más básico y más importante: sustanciación. Hacer las cosas bien, citar la fuente o explicar cómo se obtuvo la información, revelando lo justo para que los lectores nos vayamos de la nota entendiendo cómo se consiguió esa data. Porque la información no llueve del cielo, y cuando además se trata de información anónima, el estándar de contexto y precisión debería ser todavía más alto. El 99% del periodismo falló en esto último.

Seguimos sin saber cuestiones simples, como qué número de vuelo, horarios y destino final.

La información provista a este momento es tan precaria que nos pasamos horas para reconstruir una línea de tiempo que se inclina por uno de los dos vuelos diarios a Lima, por ejemplo, pero no podemos establecer cuál es en realidad.

Y el país entero se alimenta de información que está sin cocinar, hecha a medias.

En definitiva, si Adorni fue o no fue a Aruba puede terminar probándose en uno u otro sentido. Pero eso ya es otro debate.

Lo que está en discusión ahora es la calidad del periodismo, que determina la calidad de nuestra democracia.

Y en un país como la Argentina, donde la democracia también depende de la solidez del trabajo periodístico, el reclamo no es menor porque los argentinos necesitan buenos periodistas y necesitan buen periodismo.

[EXEUNT]


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