Venezuela: que el relato no entierre 7.000+ muertos
Si hay algo que a la izquierda latinoamericana le encanta es "analizar" mientras la gente desaparece.
Recordemos: casi 7,000 ejecuciones extrajudiciales en Venezuela hasta 2019 documentadas por la Alta Comisionada de la ONU Michelle Bachelet. Estas no son "anécdotas", o "detalles contextuales", ni son cosas que se discuten como si fueran gustos de helado. Son vidas humanas que se cuentan por miles y se siguen contando.
Ahora resulta que cuando alguien menciona esto, hay gente que responde como si estuvieran en un simposio de filosofía política, “Bueno, hay que pensar, ver, analizar…” Como si ese tiro en la nuca tuviera seis maneras distintas de interpretarse dependiendo del estado de ánimo del crítico.
Mientras tanto, Venezuela sigue siendo un país que esquiva la definición de Estado de derecho como si fuera un trámite de aeropuerto sin visa. Ahora mismo, Nicolás Maduro está detenido en Nueva York por cargos de narcoterrorismo.
El mundo está dividido y unos gritan “violación de soberanía”, otros aplauden, algunos se preguntan si esto viene con receta para acceso a los campos petroleros.
Mientras tanto, afuera del tribunal en Manhattan, protestas en ambas orillas. Allí, unos piden justicia, otros piden paz, algunos piden que acaben las transiciones eternas.
Y ese es el punto exacto donde el análisis se vuelve comedia involuntaria. Cuando una minuciosa documentación de desapariciones, torturas y represiones es ratificada por organismos internacionales; y de todas maneras se transforma en un ejercicio teórico de interpretación.
No hay “discurso matizado” que tape la represión sistemática, las cárceles arbitrarias, las restricciones de prensa y la persecución política.
Y lo más irónico de todo es que mientras unos siguen en modo análisis, otros países toman decisiones concretas: la UE acaba de renovar sanciones por un año más, citando la falta de avances democráticos; y la ONU mantiene mecanismos de investigación en operación porque la comunidad internacional no ignora lo que está pasando.
Así que mientras algunos se preguntan si Venezuela debe ser pensada o sentada a discutir, la realidad es brutal, la cuenta de derechos humanos aumenta, la crisis humanitaria expulsa millones de migrantes, y la política regional se calienta como horno sin termostato.
La reflexión no es “qué pensar”. Es “cuándo empezamos a exigir” como latinoamericanos adultos, soluciones reales, debates honestos y que quienes fueron cómplices regionales en el botín venezolano también compartan las sanciones correspondientes.
[EXEUNT]
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