Los argentinos tienen todos los relojes pero la peronería tiene el tiempo
Cuando el poder no tiene plazos, dilatar es una estrategia racional: la negociación se vuelve estructural y el costo lo paga toda la sociedad.
Adelanto exclusivo para suscriptores: este jueves sale este tema, en el que conversamos cuál es la estrategia ganadora (y secreta) de las gobernaciones de la peronería.
La mecánica de negociación entre un poder con plazos y otro sin plazos es un problema clásico. Lo discuten y apalancan Donald Trump, la teoría de juegos y estantes completos de libros sobre negociaciones.
En sistemas federales atravesados por liderazgos subnacionales autoritarios como el argentino, vemos cómo se usa para arruinarnos.
En términos analíticos, se trata de una negociación asimétrica en el tiempo, ya que una de las partes enfrenta costos crecientes por la demora, mientras que la otra obtiene beneficios precisamente al dilatar.
Este fenómeno se explica desde tres puntos de vista:
Primero, la lógica de incentivos institucionales donde los actores con instituciones maximizan rentas políticas aun a costa del bienestar general.
Segundo, cuando el actor democrático debe mostrar resultados antes de una elección y el actor autoritario solo debe sobrevivir un día más.
Tercero, la noción de poder de veto informal; no hace falta bloquear explícitamente, alcanza con trabar, estirar, empantanar.
Así cayó Roma
En la República romana, el Senado con sus élites de mandatos prolongados y redes clientelares estables utilizó la dilación procedimental para desgastar a magistrados electos con mandatos breves, como los tribunos de la plebe. La demora era una estrategia para preservar el statu quo frente a reformas que amenazaban intereses consolidados.
Cualquier paralelismo entre la oligarquía imperial romana y la peronería, no es mera coincidencia.
Viniendo más cerca en la historia, esta estrategia sirvió en América Latina.
En el Virreinato del Perú, los corregidores y élites locales negociaban con la Corona española sabiendo que la distancia, la lentitud administrativa y la rotación de funcionarios peninsulares jugaban a su favor. Las reformas borbónicas, aunque ambiciosas, chocaron una y otra vez con la dilación sistemática de actores locales que no tenían incentivos para acelerar cambios que reducían su poder extractivo.
Por lo tanto cuando un actor negocia con el tiempo a favor y otro con el tiempo en contra, la negociación deja de ser técnica y se vuelve estructural. La dilación es la estrategia racional de supervivencia política. Y en ese juego, el costo siempre lo paga la sociedad, o sea, vos y yo.
Este jueves, sale este video:
¿Cómo negocia alguien con el tiempo a favor?
[EXEUNT]
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