Globalización: todos juraban que era pacífica (ponele)

La globalización no eliminó la política de poder internacional, la transformó en control de redes y nodos clave.

Imagen generada con inteligencia artificial.
Mirando más allá del apretón de manos.

El premier canadiense Mark Carney reconoce en Davos que la interdependencia global se volvió un instrumento de poder, donde redes económicas y tecnológicas funcionan como mecanismos de coerción.

El concepto de weaponized interdependence muestra que la globalización no eliminó el poder, sino que lo concentró en nodos y cuellos de botella explotables por los Estados.

Este fenómeno confirma una continuidad clásica, ya que la política internacional sigue regida por el equilibrio de poder, solo que con herramientas nuevas.


El discurso de Mark Carney pone en evidencia una realidad que ya venía gestándose desde hace tiempo. La interdependencia coercitiva, o interdependencia “weaponizada”, es un fenómeno que no empezó con Trump, pero él lo puso en primer plano. Carney, al criticarlo, termina reconociendo la dinámica clásica de las relaciones internacionales: el equilibrio de poder entre potencias de distinto nivel.

El mundo atraviesa una transición estructural marcada por tres shocks simultáneos: el climático, el tecnológico y el geopolítico.

¿Qué dijo Carney en Davos?

Mark Carney presentó en Davos un diagnóstico sobrio sobre la economía global y una defensa explícita del orden liberal basado en reglas. Sostuvo que el mundo atraviesa una transición estructural marcada por tres shocks simultáneos: el climático, el tecnológico y el geopolítico. En ese contexto, advirtió sobre la creciente weaponized interdependence, es decir el uso estratégico de redes financieras, comerciales, energéticas y tecnológicas como instrumentos de coerción estatal. Señaló que esta dinámica erosiona la confianza, encarece el capital y fragmenta los flujos globales.

Carney argumentó que los mercados por sí solos ya no asignan eficientemente el riesgo, lo que obliga a un rol más activo del Estado para coordinar inversiones, diversificar dependencias críticas y proteger infraestructuras clave sin caer en un proteccionismo caótico. Defendió la cooperación entre democracias para reducir vulnerabilidades sistémicas, mantener reglas comunes y evitar una espiral de represalias. Concluyó que la legitimidad política del capitalismo dependerá de su capacidad para ofrecer estabilidad, resiliencia y prosperidad en un mundo de interdependencia cada vez más politizada.

Existe interdependencia coercitiva (weaponized interdependence) cuando un estado aprovecha su posición central en una red —financiera, tecnológica, logística o informacional— para coaccionar a otros actores.

¿Qué dice Weaponized Interdependence? Dice esto, brevemente:

El libro parte de una definición operativa: existe interdependencia instrumentalizada cuando un actor (normalmente un Estado, pero no solo) aprovecha su posición central en una red —financiera, tecnológica, logística o informacional— para obtener ventaja de negociación o coaccionar a otros actores. La tesis original de Farrell y Newman distingue dos mecanismos: el efecto “panóptico” (capacidad de observar/extraer información porque la red pasa por nodos que controlás) y el efecto “cuello de botella” o chokepoint, (capacidad de cortar, ralentizar o condicionar el acceso a la red). Drezner usa casos muy accesibles para aterrizar el concepto: TikTok y los datos, SWIFT y sanciones financieras, 5G y Huawei, o gas ruso y dependencia europea. 

La idea disruptiva del marco es que la globalización no “aplasta” el poder, como sugiere la visión clásica de redes descentralizadas, sino que concentra poder estructural en ciertos nodos. Y ese poder se vuelve una herramienta de política exterior, en especial para Estados con instituciones capaces de explotarlo.

Qué aporta el libro (y qué advierte)

En el plano de la política pública explica cómo Estados y otros actores usan redes como herramientas coercitivas, y cómo pueden abusar de ellas. Drezner advierte que hay efectos no deseados, si el “hub” central usa demasiado la coerción, puede incentivar alternativas como salidas, sustitutos o diversificación. Esto erosiona su centralidad con el tiempo. 

En el plano académico, el libro evita el “todo es weaponized”, es decir, el estiramiento conceptual. Drezner señala que no basta con que exista dependencia o comercio, lo distintivo es el diseño de red donde hay asimetrías sostenidas y la capacidad institucional de explotarlo. Ambos factores.

¿Cuáles son las críticas más importantes al trabajo?

1) Riesgo de “concepto comodín” y preguntas abiertas sobre alcance

Una crítica recurrente es que el libro demuestra utilidad, pero deja abiertas preguntas de “cuándo aplica” y “cuándo no”, y qué variables delimitan el fenómeno en distintas redes.

2) Eficacia vs. poder: la coerción no equivale a resultados

Otra crítica fuerte es que el marco mide muy bien capacidad o poder estructural, pero puede prestar menos atención a influencia; es decir, si la herramienta logra el objetivo político. Así, se recoge que el foco en métricas de poder puede ser insuficiente para evaluar si las políticas “funcionan” en términos de resultados concretos.

3) Falta de integración con marcos clásicos de escalada y “DIME”

Una reseña en Air University Press critica que el libro, al discutir interdependencia coercitiva, pasa por alto integrar explícitamente el concepto en una matriz clásica de instrumentos de poder (Diplomático, Informacional, Militar, Económico: DIME) y en lógicas de escalada. La reseña propone entender cómo “un paso más” antes del uso militar, pero señala que esa dimensión no está suficientemente trabajada en el volumen.

4) Subestimación de la política doméstica y la autonomía del sector privado

Una crítica más académica apunta a que el marco puede asumir, de manera demasiado lineal, que el Estado “toma” la infraestructura privada cuando lo necesita. Los cambios de mercado e innovación pueden limitar la autoridad estatal sobre actores privados que controlan infraestructura crítica como por ejemplo, cables submarinos o en algunos semiconductores. Esta crítica no niega el marco, pero exige modelar mejor la capacidad real de captura estatal sobre recursos privados.

CONCLUSION

El concepto de weaponized interdependence resulta hoy particularmente relevante porque ofrece una lente precisa para entender cómo el poder opera en un sistema internacional formalmente globalizado, pero estructuralmente jerárquico. La interdependencia económica, financiera y tecnológica reorganizó la estructura de poder en torno a redes, nodos y cuellos de botella.

Aquí cabe destacar que sobre esto, el académico argentino Carlos Pérez Llana ya resaltaba este concepto hace décadas. Como siempre, este capo absoluto de la intelectualidad argentina estaba adelantado décadas (¿se nota demasiado que me parece un grosso total? :-)

En ese sentido, la tesis central del marco es que la globalización no neutralizó el poder sino que lo concentró.

Su utilidad analítica reside en mostrar que Estados con capacidad institucional suficiente pueden explotar posiciones centrales en redes críticas como las de pagos, energía, datos o logística; para observar, condicionar o coaccionar a otros actores sin recurrir al uso directo de la fuerza militar. Esto explica por qué sanciones financieras, controles tecnológicos o restricciones energéticas se convirtieron en instrumentos centrales de la política exterior contemporánea. Al mismo tiempo, el marco advierte sobre límites claros y cómo el abuso de estos mecanismos puede acelerar procesos de sustitución, fragmentación y diversificación que erosionan, a largo plazo, la centralidad del nodo dominante.

En su discurso, Mark Carney hace un uso claramente sesgado del concepto. Al denunciar la instrumentalización de nodos de poder por parte de Estados Unidos, omite deliberadamente casos equivalentes, como la dependencia energética europea respecto de Rusia que muestran que la coerción vía interdependencia no es una anomalía estadounidense, sino una práctica sistémica.

Sin embargo, esa omisión no invalida el diagnóstico; por el contrario, lo refuerza. Al reconocer la existencia de nodos, cuellos de botella y asimetrías estructurales, Carney termina admitiendo que la política internacional sigue organizada en torno a la lógica del poder.

Carney termina admitiendo que la política internacional sigue organizada en torno a la lógica del poder.

En última instancia, el debate sobre weaponized interdependence desnuda una continuidad más que una ruptura, y es que el mundo nunca dejó de estar gobernado por la política de poder entre Estados. Lo que cambió no fue la lógica, sino los instrumentos. La interdependencia no reemplazó al realismo sólo lo actualizó.

[EXEUNT]


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