Colonia Selectiva
La izquierda regional denuncia colonialismos, pero solo los que no le gustan.
Venezuela opera como una colonia cubana, al punto de importar seguridad para su propio presidente.
Esa incoherencia expone que la soberanía para la peronería es un relato, no un principio.
Lo más divertido –en el sentido trágicamente latinoamericano del término– es ver cómo cierta izquierda vive en un universo paralelo con reglas físicas propias. Allí existe una cosa llamada colonialismo a la carta: indignación si la bandera es británica, silencio reverencial si la bandera es cubana. Es como un menú político: un poco de soberanía para llevar, pero que no nos falte la foto con La Habana.
Pongamos esto en contexto. En el mundo real, el que usa aviones que despegan y aterrizan, no unicornios bolivarianos, no existe un solo país soberano que confíe la protección de su jefe de Estado a militares extranjeros. Ni uno. Cero. ¿Estás en París? Franceses custodian. ¿Washington? Estadounidenses. ¿Tokio? Japoneses.
Es una regla simple: si tu presidente necesita guardaespaldas importados, quizás el país lo gobierna otro.
Excepto, por supuesto, Venezuela, el experimento político que nació prometiendo independencia del imperialismo terminó tercerizando hasta su seguridad presidencial en Cuba. Es como declararse vegano y vivir a empanadas.
Entonces llega la parte mejor: los mismos que exigen que Argentina marche al Comité de Descolonización por Malvinas se callan cuando Caracas podría estar en la fila antes que nosotros. Pero claro, hay colonias “malas” y colonias “compañeras”. En la peronería, la coherencia cotiza más bajo que la inflación.
[EXEUNT]
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